Cuentos completos
Cuentos completos —No, no, no —dijo sacudiendo la cabeza—. Si tú misma fueras una mujer pura, habrÃas pegado un alarido al verme; en su lugar, corriste a abrazarme. No, Cassandra. Ninguna de las dos somos castas.
Seguimos hablando.
Mientras tanto, la habitación se fue llenando, pues era el dÃa que habÃamos acordado discutir los resultados de nuestras observaciones. Todas, pensé, sintieron lo mismo que yo al ver a Castalia. La besaron y dijeron cuán contentas estaban de verla. Finalmente, cuando ya estábamos todas, Jane se puso de pie y dijo que era hora de comenzar. Dijo que ya habÃamos hecho preguntas durante más de cinco años, y que aunque los resultados no serÃan concluyentes… En este momento Castalia me codeó y dijo en voz baja que no estaba tan segura de ello. Se levantó e, interrumpiendo a Jane en el medio de una frase, dijo:
—Antes de seguir, me gustarÃa saber, ¿puedo permanecer en la habitación? Porque debo confesar que soy una mujer impura.
Todas la miraron sorprendidas.
—¿Tendrás un niño? —preguntó Jane.
Castalia asintió.