Cuentos completos
Cuentos completos —Oh, querida —dijo Castalia apartando el libro—, ¡qué tontas éramos! La culpa de todo fue del padre de Poll. Seguramente lo hizo a propósito; ese ridÃculo testamento, quiero decir. Forzar a Poll a leer todos los libros de la biblioteca de Londres. Si no hubiéramos aprendido a leer —dijo con amargura—, todavÃa estarÃamos criando niños en la ignorancia y creo que esa era la vida más feliz después de todo. Sé lo que dirás acerca de la guerra —me escrutó—, y lo horroroso de criar niños para verlos morir como les pasó a nuestras madres, y a sus madres, y a las madres de éstas. Y no se quejaban. No sabÃan leer. He hecho lo mejor que pude —suspiró—, para evitar que mi niña aprendiera a leer, ¿pero con qué propósito? Ayer mismo la encontré a Ann con un periódico; y ya comenzó a preguntarme si era «verdad». Después me preguntará si el señor Lloyd George es un buen hombre; después si Arnold Bennett es un buen novelista; y finalmente si creo en Dios. ¿Es que estoy educando a mi hija para que no crea en nada? —preguntó.
—Desde luego podrÃas enseñarle a creer que los hombres son y siempre serán más inteligentes que las mujeres —sugerÃ.
Su rostro se iluminó y comenzó a dar vuelta las páginas de los libros otra vez.