El lector comun
El lector comun Espoleamos, refrenamos las estrellas, y en su carrera
les contenta a su manera obedecer nuestra marcha.
Mas ¿conserva la tierra aún su redonda proporción?
¿No se eleva un Tenerife, o más alta colina
tanto como un peñón, que uno pudiera pensar
que la luna flotante embarrancara y se hundiera ahí?
Los mares son tan profundos que las ballenas, heridas hoy,
acaso mañana, apenas a mitad de camino
del fin deseado de su viaje, el fondo, mueran.
Y los hombres para sondear las profundidades tanta soga sueltan,
que uno pudiera pensar con razón que se irguiese
en su punta uno de los Antípodas…[52]
O, de nuevo, Elizabeth Drury ha muerto y su alma ha huido:
no se queda ella en el aire
para ver lo que allí los meteoros disponen;
no lleva consigo deseos de conocer, ni discernir,
si el aire en su región media será denso;