El lector comun
El lector comun Tales pasajes aparecen de forma natural, pues consisten en visiones y sueños, no en acciones o escenas dramáticas, en sus Bocetos autobiográficos. Y sin embargo no hacen que pensemos en De Quincey cuando leemos. Si intentamos analizar nuestras sensaciones encontraremos que han actuado en nosotros como lo harÃa la música, se han conmovido los sentidos más que el cerebro. La elevación y caÃda de la frase nos templa inmediatamente el ánimo y nos aleja en la mente hasta una distancia en la que se difumina lo cercano y el detalle se apaga. Nuestras mentes, asà ensanchadas y adormecidas al punto de la aprensión, están abiertas para recibir una a una, en lenta y majestuosa procesión, las ideas que De Quincey desea que recibamos; la áurea plenitud de la vida; las pompas celestiales en las alturas; la gloria de las flores abajo, mientras él está «entre una ventana abierta y un cuerpo sin vida en un dÃa de verano». Ese tema se sostiene, y se amplÃa y se le hacen variaciones. La idea de la prisa y la celeridad, de intentar alcanzar algo que vuela para siempre, intensifica la impresión de quietud y eternidad. Campanas que se oyen en las tardes de verano, palmeras que se mecen, tristes vientos que soplan eternamente nos mantienen mediante sucesivas oleadas de emoción con el mismo ánimo. Nunca se proclama abiertamente la emoción; se la sugiere y evoca con lentitud con imágenes repetidas hasta que, en toda su complejidad, queda completa.