El lector comun
El lector comun El conflicto de todas estas contradicciones se muestra en su rostro, a la vez tan resuelto y tan abstraído, tan sensual y tan inteligente, y bello por añadidura con sus gruesos tirabuzones y los grandes ojos brillantes que Southey creyó los más expresivos que jamás hubiera visto. La vida de semejante mujer estaba destinada a ser tempestuosa. Todos los días elaboraba teorías de cómo se debería vivir la vida; y todos los días se daba de bruces contra la roca de los prejuicios ajenos. Todos los días también —pues no era ni pedante ni una teórica insensible— nacía algo en ella que apartaba a un lado sus teorías y la obligaba a remodelarlas. Actuó acorde con la teoría de que no tenía atribuciones legales sobre Imlay; se negó a casarse con él; pero cuando la dejó sola, una semana tras otra con el hijo que ella le había dado, su agonía fue insoportable.