El lector comun
El lector comun Y cuando ella silencia su propia queja nos vuelve a dejar perplejos con la insoluble cuestión de la poesía y su naturaleza, y de por qué, cuando habla así, sus palabras adoptan la convicción de la inmortalidad. Porque son griegas; no sabemos cómo sonaban; ignoran las fuentes obvias de la emoción; no deben nada de su efecto a ninguna extravagancia de expresión, y desde luego no arrojan luz alguna sobre el carácter del hablante o del escritor. Pero permanecen, algo que se ha pronunciado y debe perdurar eternamente.