El lector comun
El lector comun Dando asà a la naturaleza y asà recibiendo de ella, parecÃa, mientras pasaban los arduos y ascéticos dÃas, que la naturaleza y Dorothy habÃan crecido juntas en perfecta armonÃa; no una armonÃa frÃa, vegetal o inhumana, porque en lo más profundo ardÃa ese otro amor por «mi bienamado», su hermano, que era en verdad su corazón e inspiración. William y la naturaleza y Dorothy misma, ¿no eran un único ser? ¿No componÃan una trinidad, autónoma y autosuficiente e independiente, tanto dentro como fuera? Estaban sentados dentro. Eran
alrededor de las diez y una noche tranquila. El fuego titila y suena el tictac del reloj. No oigo nada más que la respiración de mi bienamado hermano cuando de vez en cuando avanza en la lectura de su libro y pasa una hoja.
Y ahora es un dÃa de abril, y cogen la vieja capa y se tumban juntos en la floresta de John al aire libre.
William oÃa mi respiración y los crujidos al moverme de vez en cuando, pero ambos yacÃamos inmóviles y sin vernos el uno al otro. Él pensó que sabrÃa a gloria yacer asà en la tumba, escuchar los sosegados sonidos de la tierra y saber tan sólo que nuestros queridos amigos se hallaban cerca. El lago estaba tranquilo; habÃa una barca por allÃ.