El lector comun
El lector comun Pero el destino no se ha portado bien con la señora Browning como escritora. Nadie la lee, nadie habla de ella, nadie se molesta en colocarla donde se merece. Basta comparar su reputación con la de Christina Rossetti para descubrir las huellas de su declive. Christina Rossetti asciende irresistiblemente al primer puesto entre las poetas inglesas. Elizabeth, tanto más aplaudida durante su vida, se queda cada vez más rezagada. Los manuales básicos la excluyen de manera ofensiva. Su importancia, dicen, «ahora sólo es histórica. Ni la educación ni la asociación con su marido consiguieron nunca enseñarle el valor de las palabras y un sentido de la forma». En resumen, el único lugar en la mansión de la literatura que se le asigna es abajo, con la servidumbre, donde, en compañía de la señora Hemans, Eliza Cook, Jean Ingelow, Alexander Smith, Edwin Arnold y Robert Montgomery, va haciendo ruido con la vajilla y se come enormes puñados de guisantes con la punta del cuchillo.