El lector comun
El lector comun El deseo de abordar la vida moderna en poesía no fue exclusivo de la señorita Barrett. Robert Browning dijo que él había tenido la misma ambición toda su vida. The Angel in the House de Coventry Patmore y Bothie de Clough fueron ambos intentos en el mismo sentido y precedieron a Aurora Leigh en unos años. Fue bastante natural. Los novelistas estaban tratando triunfal mente la vida moderna en prosa. Jane Eyre, La feria de las vanidades, David Copperfield, Richard Feverel, todos se pisaron los talones entre los años 1847 y 1860. Bien puede ser que los poetas pensaran, con Aurora Leigh, que la vida moderna tenía una intensidad y un sentido propio. ¿Por qué deberían estos despojos caer únicamente en los regazos de los prosistas? ¿Por qué debería el poeta verse obligado a volver a lo remoto de Carlo magno y Roldán, a la toga y a lo pintoresco, cuando el talante y las tragedias de la vida de aldea, la vida de salón, la vida de club y la vida de la calle, reclamaban en voz alta su celebración? Era cierto que la vieja forma en que la poesía había tratado la vida —el teatro— estaba obsoleta; pero ¿no había ninguna otra que pudiera ocupar su lugar? La señora Browning, convencida de la divinidad de la poesía, meditó, tomó para sí tanto como pudo de la experiencia real y, entonces, finalmente le lanzó su reto a las Brontë y los Thackeray en nueve libros de verso libre. Fue en verso libre como cantó las alabanzas de Shoreditch y Kensington; de mi tía y el vicario; de Romney Leigh y Vincent Carring ton; de Marian Erle y lord Howe; de las bodas a la moda y las monótonas calles residenciales; de los bonetes y las patillas y los carruajes de cuatro ruedas y los ferrocarriles. Los poetas pueden tratar con estas cosas, exclamó, tanto como con caballeros y damiselas, fosos y puentes levadizos y patios de castillos. Pero ¿pueden de verdad? Veamos qué le sucede a un poeta cuando caza en los cotos vedados de un novelista y nos da no una épica o un poema lírico, sino la historia de muchas vidas que se mueven y cambian y son inspiradas por intereses y pasiones que son los nuestros en plena época de la reina Victoria.