El lector comun
El lector comun Lo cual es absurdo. Se ha logrado que las palabras sencillas se pavoneen, adopten poses y tomen un énfasis que las vuelve ridículas. Entonces, de nuevo, ¿qué hará el poeta con el diálogo? En la vida moderna, como indicó la señora Browning cuando dijo que nuestro escenario es ahora el alma, la palabra ha reemplazado a la espada. En la conversación es donde se definen los momentos álgidos de la vida, la impresión de un personaje sobre otro. Pero cuando la poesía intenta imitar las palabras que salen de la boca de la gente se ve terriblemente impedida. Oigamos a Romney en un momento de suma emoción conversando con su antiguo amor Marian sobre la criatura que ha tenido con otro hombre:
Quiera Dios así apadrinarme, como yo hago con él,
y así renunciar a mí, dado que le dejo creer
que tal vez sea huérfano. Tomo aquí al niño
para que comparta mi copa, para que duerma sobre mi rodilla,
para que brinque cuanto pueda en mi pie,
para que me lleve del dedo por las calles…