El lector comun

El lector comun

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Aquí, pues, está Hallam Street, Portland Place, por el año 1830; y aquí están los Rossetti, una familia italiana compuesta de padre, madre y cuatro hijos pequeños. La calle era poco distinguida y la casa estaba un tanto dañada por la pobreza; pero la pobreza no importaba, pues, al ser extranjeros, los Rossetti no se preocupaban mucho por las costumbres y convenciones de la familia británica corriente de clase media. No hablaban con nadie, vestían como querían, invitaban a exiliados italianos, entre ellos organistas y otros compatriotas en apuros, y se las arreglaban económicamente impartiendo clases, escribiendo y con otros trabajos esporádicos. Gradualmente Christina se distanció del grupo familiar. Está claro que fue una niña callada y observadora, con su propio estilo de vida ya fijado en su cabeza —iba a escribir—; pero por ello admiraba aún más la competencia superior de sus mayores. Pronto comenzamos a rodearla de unos cuantos amigos y a dotarla de unas cuantas características. Detestaba las fiestas. Vestía de cualquier manera. Le gustaban las amistades de su hermano y las pequeñas reuniones de jóvenes artistas y poetas que iban a reformar el mundo, más que nada porque la entretenían, pues aunque muy sosegada también era caprichosa y excéntrica, y le gustaba reírse de la gente que se comportaba con una solemnidad egotista. Y aunque quería ser poeta tenía muy poco de la vanidad y el tesón de los poetas jóvenes; sus versos parecían haberse formado íntegramente en su cabeza, y no le preocupaba mucho lo que se dijera de ellos, porque en su propia mente ella sabía que eran buenos. Carecía de grandes facultades de sentir admiración; por su madre por ejemplo, que era tan callada, tan sagaz, tan sencilla y tan sincera; o por su hermana mayor, Maria, a quien no le gustaba la pintura ni la poesía, pero era, por esa misma razón, quizá más vitalista y eficiente en la vida diaria. Por ejemplo, Maria siempre se negó a visitar la sala de las momias en el Museo Británico, porque decía que de repente podría llegar el día de la Resurrección y que sería de lo más indecoroso si los cadáveres tuvieran que asumir la inmortalidad ante la mirada de simples turistas, una reflexión que a Christina no se le había pasado por la mente, pero que le parecía admirable. Aquí, por supuesto, nosotros, que estamos fuera del tanque, soltamos una sonora carcajada, pero Christina, que está dentro del tanque y expuesta a todos sus calentamientos y corrientes, consideró la conducta de su hermana digna del mayor respeto. Si verdaderamente la observamos un poco más de cerca, veremos que algo oscuro y duro, como el hueso en el núcleo de una fruta, se había formado ya en el centro del ser de Christina Rossetti.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker