El lector comun
El lector comun Asà podrÃamos seguir mirando y escuchando eternamente. No hay lÃmite para la extrañeza, el entretenimiento y la rareza del pasado sellado en un tanque. Pero justo cuando nos estamos preguntando qué recoveco de este extraordinario territorio vamos a explorar a continuación, interviene la figura principal. Es como si un pez, que hubiéramos estado observando entrar y salir sin darse cuenta de entre los juncos, alrededor de las rocas, de pronto se lanzara contra el cristal y lo rompiera. La ocasión es un té. Por alguna razón Christina asistió a un té que dio la señora Virtue Tebbs. Lo que sucedió allà se desconoce —quizá se dijera algo en una merienda informal y frÃvola acerca de la poesÃa—. En cualquier caso,
de pronto se levantó de una silla y caminó hacia el centro de la estancia una mujercita vestida de negro, que anunció solemnemente: «¡Yo soy Christina Rossetti!»; y habiendo dicho esto, volvió a su asiento.