El lector comun
El lector comun Con esas palabras se rompe el cristal. Sà [parece decir], yo soy poeta. Ustedes que pretenden honrar mi centenario no son mejores que la gente ociosa del té de la señora Tebbs. Aquà están divagando sobre trivialidades sin importancia, revolviendo los cajones de mi escritorio, riéndose de las momias y de Maria y de mis asuntos amorosos cuando todo lo que me apetece que sepan está aquÃ. Contemplen este volumen verde. Es una copia de mis obras completas. Cuesta cuatro chelines con seis peniques. Lean eso. Y asà se vuelve a la silla.