El lector comun
El lector comun Pero también podemos leer dichos libros con otro objetivo, no para arrojar luz sobre la literatura, no para familiarizarnos con gente famosa, sino para refrescar y ejercitar nuestras propias capacidades creativas. ¿No hay una ventana abierta a la derecha de la estantería? ¡Qué delicioso parar de leer y mirar fuera! ¡Qué estimulante es la escena, ajena a sí misma, en su irrelevancia, su movimiento perpetuo, los potros galopando por el campo, la mujer llenando su cubo en el pozo, el burro cabeceando y emitiendo su larga y acre queja! La mayor parte de cualquier biblioteca no es más que el registro de semejantes momentos efímeros en las vidas de hombres, mujeres y burros. Toda literatura, cuando envejece, tiene su pila de desperdicios, su registro de momentos desvanecidos y vidas olvidadas contadas con acentos débiles y entrecortados que han perecido. Pero si nos abandonamos al placer de leer desperdicios quedaremos sorprendidos, es más, sobrecogidos por las reliquias de vida humana que se han desechado para que se pudran. Puede que sea una carta, pero ¡qué visión proporciona! Puede que sean unas pocas frases, pero ¡qué perspectivas evocan! En ocasiones una historia entera vendrá acompañada de un humor, un patetismo y una plenitud tan hermosos que parecerá la obra de un gran novelista, pero es sólo un viejo actor, Tate Wilkinson, rememorando la extraña historia del capitán Jones; es sólo un joven subalterno, a las órdenes de Arthur Wellesley, que se enamora de una guapa muchacha en Lisboa; es sólo Maria Allen, que deja caer su costura en el salón vacío y dice en un susurro cómo desearía haber seguido el buen consejo del doctor Burney y no haberse fugado con su Rishy. Nada de esto tiene valor alguno; es sumamente prescindible; aun así, cuán absorbente es revolver de vez en cuando las pilas de desperdicios y encontrar anillos y tijeras y narices rotas enterradas en el pasado inmenso y tratar de recomponerlas mientras el potro galopa por el campo, la mujer llena su cubo en el pozo y el burro rebuzna.