El lector comun
El lector comun Pero, a la larga, nos cansamos de leer desperdicios. Nos cansamos de revolver en busca de lo necesario para completar la verdad a medias que es todo lo que los Wilkinson, los Bunbury y las Maria Allen son capaces de ofrecernos. No tenÃan la capacidad del artista de dominar y de eliminar; no podÃan decir toda la verdad, ni siquiera sobre sus propias vidas; han desfigurado la historia, tan escultural como podrÃa haber quedado. Todo lo que nos pueden ofrecer son datos, y los datos son una forma de ficción muy inferior. Asà crece en nosotros el deseo de haber acabado con las medias verdades y las aproximaciones; de cesar de escudriñar los pequeños matices del carácter humano, de disfrutar de la mayor abstracción, de la verdad más pura de la ficción. Asà creamos la atmósfera, intensa y generalizada, ajena al detalle, pero acentuada por algún ritmo recurrente y regular, cuya expresión natural es la poesÃa; y ese es el momento de leer poesÃa, cuando somos casi capaces de escribirla.
Viento del oeste, ¿cuándo soplarás?
Caiga, si quiere, la llovizna.
¡Cristo, si mi amor estuviera en mis brazos
y yo en mi lecho otra vez![84]