El lector comun
El lector comun Aun asÃ, ¿quién lee para conseguir un fin, por más deseable que sea? ¿No hay algunas actividades que practicamos porque son buenas en sà mismas, y algunos placeres que son inapelables? ¿Y no se encuentra este entre ellos? Algunas veces he soñado, al menos, que cuando llegue el dÃa del Juicio Final y los grandes conquistadores y juristas y hombres de Estado vayan a recibir su recompensa —sus coronas, sus laureles, sus nombres esculpidos indeleblemente en mármol imperecedero—, el Todopoderoso se dirigirá a Pedro y le dirá, no sin cierta envidia cuando nos vea llegar con nuestros libros bajo el brazo: «Mira, estos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles aquÃ. Han amado la lectura».