El lector comun
El lector comun La Odisea es simplemente una historia de aventuras, la narración instintiva de una raza marinera. Asà podemos empezarla, leyendo rápido con espÃritu infantil en busca de diversión para averiguar lo que ocurre a continuación. Pero aquà no hay nada inmaduro; aquà hay personas adultas, ingeniosas, sutiles y apasionadas. Y tampoco es pequeño el mundo en sÃ, puesto que hay que cruzar el mar que separa una isla de otra en botes artesanos y medirlo por el vuelo de las gaviotas. Es verdad que las islas no están densamente pobladas, y la gente, aunque todo se hace a mano, apenas se aplica al trabajo. Han tenido tiempo de desarrollar una sociedad muy seria, majestuosa, con una antigua tradición de costumbres tras de sÃ, que hace que todas las narraciones sean ordenadas, naturales y llenas de recato al mismo tiempo. Penélope atraviesa la habitación; Telémaco se va a la cama; NausÃcaa lava sus linos; y sus acciones parecen cargadas de belleza porque ellos no saben que son bellos, que han nacido en el seno de sus posesiones, que no son más conscientes de sà mismos que los niños, y aun asÃ, hace tantos miles de años, en sus pequeñas islas, saben todo lo que hay que saber. Con el sonido del mar en los oÃdos, viñas, prados, riachuelos a su alrededor, son más conscientes que nosotros de un hado despiadado. Hay una tristeza en el fondo de la vida que ellos no intentan mitigar. Plenamente conscientes de hallarse eclipsados, y aun asà vivos ante cualquier temblor y destello de la existencia, en ella perduran, y es hacia los griegos adonde nos volvemos cuando estamos hartos de la vaguedad, de la confusión, del cristianismo y sus consuelos, de nuestra propia época.