El lector comun
El lector comun Ni nosotros verdaderamente tampoco. Pues aunque las punzadas de la vanidad agraviada, o el acaloramiento de la ira moral, nos incitaran a mejorar un mundo tan lleno de rencor, mezquindad y estulticia, la tarea excede nuestras competencias. La gente es así —la quinceañera lo sabía; la mujer madura lo demuestra. En este preciso momento alguna lady Bertram está intentando que Pug no se acerque a los parterres; manda a Chapman a ayudar a la señorita Fanny un poco tarde. El discernimiento es tan perfecto, la sátira tan ajustada a la realidad que, por muy consecuente que sea, casi nos pasa inadvertida. Ningún toque de mezquindad, ningún atisbo de rencor nos despierta de nuestra contemplación. El placer se mezcla extrañamente con nuestra diversión. La belleza ilumina a estos necios.