El lector comun
El lector comun ¿Y qué efecto habrÃa tenido todo esto sobre las seis novelas que Jane Austen no escribió? No habrÃa escrito de crÃmenes, de pasiones ni de aventuras. No la habrÃa acuciado la importunidad de editores o la adulación de amistades hacia la chapucerÃa o la falta de sinceridad. Pero habrÃa sabido más. Su sentido de la seguridad se habrÃa tambaleado. HabrÃa incidido en su comicidad. HabrÃa confiado menos (esto ya se puede percibir en Persuasión) en el diálogo y más en la reflexión para que conociéramos a sus personajes. Esas pequeñas intervenciones maravillosas que resumen, en unos pocos minutos de charla, todo lo que necesitamos para conocer a un almirante Croft o a una señora Musgrove para siempre, ese método taquigráfico y a la buena de Dios, que contiene capÃtulos de análisis y psicologÃa, habrÃan llegado a ser demasiado crudos para contener todo lo que ella ahora percibirÃa de la complejidad de la naturaleza humana. HabrÃa ideado un método, claro y sereno como siempre, pero más profundo y más sugerente, para transmitir no sólo lo que la gente dice, sino lo que calla; no sólo quiénes son, sino qué es la vida. Se habrÃa mantenido más apartada de sus personajes y los habrÃa visto más como un grupo y menos como individuos. Su sátira, aunque serÃa menos continua, habrÃa sido más rigurosa y severa. HabrÃa sido la predecesora de Henry James y de Proust —pero ya es suficiente. Vanas son estas especulaciones: la artista más perfecta entre las mujeres, la escritora cuyos libros son inmortales, murió «justo cuando estaba empezando a sentir confianza en su propio éxito».