El lector comun
El lector comun Nada [comenta] podría haber sido más banal que esta observación; pero su expresión coincidió, en mi opinión, con un momento de visión. Es extraordinario cómo pasamos por la vida con los ojos medio cerrados, con los oídos tardos, con los pensamientos adormecidos … No obstante, puede que sólo unos pocos de nosotros no hayan conocido nunca uno de esos raros momentos de despertar, cuando vemos, oímos, comprendemos, más que nunca —todo— en un abrir y cerrar de ojos, antes de caer de nuevo en nuestra agradable somnolencia. Levanté la vista cuando él habló, y lo vi como si nunca lo hubiera visto.[28]
Una imagen tras otra pintaba así sobre ese trasfondo oscuro; barcos primero y ante todo, barcos anclados, barcos flameando ante la tormenta, barcos atracados en el puerto; pintaba puestas de sol y alboradas; pintaba la noche; pintaba el mar en todos sus aspectos; pintaba la estridente brillantez de los puertos de Oriente, y hombres y mujeres, sus casas y sus actitudes. Era un observador minucioso e imperturbable, educado en esa «absoluta lealtad a sus sentimientos y emociones», los cuales, escribió Conrad, «un autor debería mantener bajo control en sus más exaltados momentos de creación». Y muy queda y compasivamente deja caer Marlow a veces unas pocas palabras de epitafio que nos traen a la memoria, con toda esa belleza y brillantez ante nuestros ojos, la oscuridad del trasfondo.