El viejo Bloomsbury y otros ensayos
El viejo Bloomsbury y otros ensayos Los fantasmas de Henry James nada tienen en común con los violentos fantasmas de antaño, esos capitanes manchados de sangre, los caballos blancos, las damas descabezadas de los prados oscuros y las tierras comunales ventosas. Tienen su origen dentro de nosotros. Se presentan en cuanto lo significativo rebosa nuestros poderes de expresarlo, en cuanto lo ordinario aparece orlado por lo extraño. Las cosas desconcertantes que sobran, las atemorizantes que persisten: ésas son las emociones que James toma, incorpora, vuelve consoladoras y amigables. Pero ¿por qué tener miedo entonces? Como dice el caballero tras haber visto el fantasma de sir Edmund Orme por primera vez: "Estaba dispuesto a responder a todos y cada uno que los fantasmas son mucho menos alarmantes y mucho más divertidos de lo que suele suponerse". Los bellos espíritus urbanos no son de este mundo simplemente porque son demasiados finos para él. Se han llevado consigo, a través de la frontera, su ropa, sus modales, su crianza, sus sombrereras, su ayuda de cámara y sus doncellas. Siempre conservan algo de lo mundano. Acaso nos sintamos incómodos en su presencia, pero nunca temerosos. ¿Qué importará entonces que tomemos Turn of the Screw (Otra vuelta de tuerca) poco más o menos una hora antes de acostarnos? Tras ese exquisito entretenimiento acabaremos, si puede confiarse en las otras historias, con esa música fina en nuestros oídos, y dormiremos incluso con mayor profundidad.