El viejo Bloomsbury y otros ensayos
El viejo Bloomsbury y otros ensayos Sin embargo, si exceptuamos a los eruditos (y la erudición es útil sobre todo para juzgar la obra de los muertos), el crítico es más falible que el resto de las personas. Tiene que darnos su opinión de un libro publicado dos días antes y con la etiqueta aún pegada en la portada. Debe salir de esa nube de sensaciones fértiles, pero inmaduras, que cuelga alrededor de un lector para solidificarla, para resumirla. Lo frecuente es que lo haga sin que haya madurado el tiempo; lo hace con demasiada rapidez y con demasiada seguridad. Afirma que se trata de un gran libro o de un libro malo: Sin embargo, y bien lo sabe, cuando se conforma con haberlo leído ninguna de esas dos cosas es cierta. Al crítico lo domina la fuerza de las circunstancias y un cierto grado de vanidad humana, que lo llevan a ocultar los titubeos que lo acosan mientras lee, para con ello eliminar toda huella de esa ruta sinuosa y torcida por la cual llegó a lo que decide llamar "una conclusión". Así que los toscos trompetazos de la opinión crítica resuenan elevados y agudos y nosotros, humildes lectores que somos, abatimos la cabeza en sumisión.