El viejo Bloomsbury y otros ensayos
El viejo Bloomsbury y otros ensayos De hecho, cuando se recuerda ese salón lleno de gente, los amarillos y rosados pálidos de los brocados, las sillas italianas, las alfombras persas, los bordados, las borlas, el aroma, las granadas, los moños, el popurrí ya Ottoline gravitando sobre uno desde lejos, envuelta en su chal blanco de grandes flores escarlatas y arrastrándolo a uno fuera de la habitación y de la multitud hacia un cuartito donde se quedaba a solas con ella, donde nos acosaba con preguntas tan íntimas y tan intensas sobre la vida y los amigos y ponía un signo sobre nuestro nombre en una libretita perfumada -apenas la semana pasada anoté mi nombre en otra libretita perfumada de Gower Street-, pienso que puede disculparse mi excitación.