Entre actos
Entre actos —¡Cómo cantan esos pájaros! —se aventuró a exclamar la señora Swithin.
Ahora la ventana estaba abierta; sin duda alguna los pájaros cantaban. Un solÃcito tordo avanzaba a saltitos por la hierba, con un anillo de goma rosada retorcida en el pico. Tentada por aquella escena a proseguir su reconstrucción del pasado, la señora Swithin recapacitó; era una mujer dada a ampliar los lÃmites del presente volando al pasado o al futuro; o recorriendo pasillos y galerÃas laterales; pero entonces recordó a su madre, a su madre en ese mismÃsimo cuarto riñéndola. «Lucy, no te quedes ahà boquiabierta o terminarás cambiando la dirección del viento.» Cuántas veces su madre la habÃa reñido, en esa misma habitación, «pero en un mundo diferente», le habÃa recordado su hermano. Se sentó para tomar el té de la mañana, igual que cualquier otra anciana con nariz grande, mejillas enjutas, un anillo en el dedo y los adornos habituales de una vejez un tanto tronada pero noble, entre los que se contaba, en su caso, una reluciente cruz de oro en el pecho.