Entre actos
Entre actos La señora Sands cogió pan; la señora Swithin, jamón. Una cortó pan; la otra, jamón. Era tranquilizador, era solidario, aquel trabajo manual hecho en común. Las manos de la cocinera cortaban, cortaban, cortaban. Mientras Lucy, contemplando la hogaza, mantenÃa el cuchillo en alto, se preguntó por qué el pan del dÃa anterior se corta más fácilmente que el pan tierno. Y asà fue saltando de un tema a otro y pasó de la levadura al alcohol; a la fermentación; a la embriaguez; a Baco; y a yacer bajo la luz purpúrea, en un viñedo en Italia, como habÃa hecho en tantas ocasiones. Y entretanto la señora Sands oÃa el tictac del reloj; veÃa al gato; percibÃa el zumbido de una mosca; y sentÃa, como reflejaban sus labios, un rencor, que no debÃa expresar contra quienes se dedicaban a trabajar en la cocina mientras los demás se divertÃan de lo lindo colgando rosas de papel en el granero.
—¿Hará buen tiempo? —preguntó la señora Swithin, con el cuchillo en el aire.
En la cocina, solÃan seguirle la corriente a la señora Swithin.
—Eso parece —repuso la señora Sands, lanzando una penetrante mirada al exterior por la ventana de la cocina.
—No fue asà el año pasado —dijo la señora Swithin—. ¿Recuerda que, cuando se puso a llover, tuvimos que entrar a toda prisa las sillas?