Entre actos
Entre actos Volvió a cortar. Luego preguntó por Billy, el sobrino de la señora Sands, aprendiz del carnicero.
—Se dedica a hacer algo que los muchachos de su edad no deben hacer —dijo la señora Sands—; contestar al amo.
—Bueno, eso no está mal —dijo la señora Swithin, en parte refiriéndose al muchacho y en parte al sándwich, que habÃa quedado muy bien, perfectamente cortado, triangular—. El señor Giles quizá llegue tarde —añadió, colocando, satisfecha, el sándwich en lo alto de la pila.
Ya que el marido de Isa, el corredor de Bolsa, llegaba de Londres. Y el tren de cercanÃas, que conectaba con el expreso, no llegaba con puntualidad, ni mucho menos, ni siquiera en el caso de que Giles cogiera el tren de primera hora, lo cual no era seguro. Y eso significaba…, pero lo que significaba para la señora Sands que la gente perdiera el tren y que ella, prescindiendo de lo que deseara hacer, tuviese que esperar, junto a la cocina, manteniendo la carne caliente, nadie lo sabÃa.
—¡Ya está! —dijo la señora Swithin examinando los sándwiches, unos bien cortados y otros no. Los voy a llevar al granero.
En cuanto a la limonada, la señora Swithin suponÃa, sin el menor asomo de duda, que Jane, la ayudante de la cocinera, la seguirÃa con ella.