Entre actos
Entre actos Candish se detuvo en el comedor para recolocar una rosa amarilla. Amarillas, blancas y rojo clavel, asà le gustaban. Le encantaban las flores, asà como arreglarlas, colocando la espada verde o una hoja en forma de corazón que mejor quedara entre ellas. Sorprendentemente, le gustaban las flores, teniendo en cuenta su afición a la bebida y al juego. Aquà iba la rosa amarilla. Ahora todo estaba preparado: la plata y la vajilla, los tenedores, las servilletas y, en medio, el cuenco con las rosas multicolor. Asà que, después de echar el último vistazo, salió del comedor.
Frente a la ventana colgaban cuadros. En la vida real no se conocieron, la alta dama y el hombre que llevaba el caballo de la brida. La dama era un cuadro que Oliver compró porque le gustó; el hombre era un antepasado. TenÃa nombre. SostenÃa la brida en la mano. Le habÃa dicho al pintor:
—Si quiere hacer mi retrato, manos a la obra, hágalo mientras haya hojas en los árboles.
Y habÃa hojas en los árboles.
—¿Cabe también Colin, además de Buster? —habÃa preguntado.