Entre actos
Entre actos —Usted que está tan interesado en la pintura —dijo Bartholomew, dirigiéndose al silencioso invitado—, explÃqueme por qué razón nosotros, en cuanto raza, carecemos de interés, curiosidad y sensibilidad —el champán le habÃa proporcionado un torrente de palabras insólitas y elevadas— con respecto a este noble arte, en tanto que la señora Manresa, y permÃtame mi querida señora esta libertad de viejo, se sabe a Shakespeare de memoria.
—¡A Shakespeare de memoria! —protestó la señora Manresa, adoptando una pose teatral—. Ser o no ser, he aquà la cuestión. Si este más noble… ¡Siga! —Y atizó un codazo a Giles, que se sentaba a su lado.
—Desvanecerse en la lejanÃa y olvidar lo que tú jamás supiste… —Isa dijo las primeras palabras que se le ocurrieron para sacar de apuros a su marido.
—El cansancio, la tortura, la angustia… —añadió William Dodge, mientras enterraba la colilla en la grava, justo entre dos piedras.
—¡Muy bien! —exclamó Bartholomew, levantando el dedo Ãndice en el aire—. ¡Asà queda demostrado! Qué resorte tocaré, qué cajón secreto mostrará sus tesoros, si digo —levantó más dedos—: ¡Reynolds! ¡Constable! ¡Crome!
—¿Por qué les llamamos «viejos»? —remató la señora Manresa.