Entre actos
Entre actos —No tenemos las palabras —protestó la señora Swithin—, no tenemos las palabras. Detrás de los ojos; no en los labios; eso es todo.
—Pensamientos sin palabras… ¿es eso posible? —murmuró su hermano con tono meditativo.
—¡A esto no llego! —exclamó la señora Manresa meneando la cabeza—. ¡Es demasiado abstracto para mÃ! ¿Puedo servirme un poco más? Ya sé que está mal. Pero con mi edad, y con mi figura, puedo hacer lo que me dé la gana.
Cogió la jarrita de plata con la nata y dejó que el suave lÃquido se mezclara formando lujosas ondas con el café y luego añadió una buena cucharada de azúcar moreno. Sensual, rÃtmicamente, agitó la mezcla, trazando cÃrculos y cÃrculos.
—¡Tome cuanto quiera! —exclamó Bartholomew—. ¡SÃrvase usted misma!
El anciano sentÃa que el champán le iba dejando de hacer efecto y se esforzaba, antes de que se hubiera desvanecido el último rastro de cordialidad, en sacarle cuanto partido pudiera, como quien echa una última mirada al cuarto iluminado, antes de acostarse.