Fin de viaje
Fin de viaje Pasaron unos meses, como podían haber sido años, sin que ningún incidente alterara la monotonía, pero con el sello propio de haberse desarrollado en aquel ambiente exótico.
Corría el mes de marzo y la temperatura mantenía su promesa de benignidad al pasar sin alteraciones sensibles del invierno a la primavera.
Helen se sentaba a escribir cerca de un hogar con crepitantes leños, pero manteniendo al propio tiempo las ventanas abiertas por completo.
Oscurecía rápidamente y la habitación parecía mayor y más vacía. Los reflejos del fuego caían sobre Helen, inclinada sobre la escritura, y sobre las paredes desnudas, en donde ramas de flores sustituían los cuadros. Las ramas dibujaban largas sombras danzantes sobre la pared. La carta de Helen empezaba: