Fin de viaje
Fin de viaje La irritaban sus maneras rebuscadas y la forma un tanto amanerada, de acuerdo con su fama de sabio. Se sentÃa empequeñecida.
—¿Es posible que haya llegado a los 24 años sin leer a Gibbon?
—Ya ve usted que he llegado —dijo ella, irritada.
—Oh, mon dieu! Mon dieu! —exclamó—. Tiene que empezar mañana sin falta. —La miró como analizándola—. ¿Quisiera saber si se puede hablar con usted como con el resto de los mortales de su sexo? Parece usted una criatura grande.
Rachel le miró, pero sin decir palabra.
—Gibbon será la prueba; veremos si sabe usted comprenderlo. ¡Cuesta tanto conocer si una mujer adolece de falta de preparación o de capacidad! Creo que usted no lo comprenderá, se ha dedicado probablemente al dolce far niente.
La música volvÃa a empezar, y Hirst se dedicó a pasear la vista por el salón, buscando a Helen. Se daba cuenta de que, a pesar de sus esfuerzos, la cosa no marchaba bien.
—Me encantarÃa prestarle algunos libros —dijo, abrochándose los guantes y levantándose—. Ahora la dejo, ya volveremos a vernos.