Fin de viaje
Fin de viaje Exactamente no sabÃa el motivo de su furia contra Hirst. Con un esfuerzo se rehizo.
—Bueno, ¡a lo mejor es que yo soy algo tonta! —E hizo ademán de volver al salón.
Hewet la retuvo.
—Por favor, explÃquese —rogó—. Estoy seguro de que Hirst no quiso ofenderla.
A Rachel le costaba hacerse entender. Las palabras de dolce far niente le martilleaban el cerebro y la cohibÃan. La superioridad intelectual de Hirst resultaba una agria experiencia. Paseaba por la terraza con Hewet y prosiguió con amargura:
—Las gentes que no se comprenden, deberÃan vivir separadas; de lo contrario, sale a relucir todo lo que tenemos de malo.
A Hewet le habÃan aburrido siempre las conversaciones sobre la incompatibilidad de los sexos. Le sonaban a falso. Como conocÃa a Hirst, comprendió en seguida lo sucedido. Interiormente se divirtió, pero procuró borrar la mala impresión recibida por la muchacha.
—Ahora le aborrecerá usted y esto no está bien. Hirst es un buen muchacho, pero incapaz de modificar sus puntos de vista, por muy equivocados que éstos sean, y lo son —le vino un acceso de risa que no pudo contener.