Fin de viaje
Fin de viaje Rachel le miró extrañada, y viendo lo ridÃculo de su enfado, se unió de buena gana a las carcajadas del muchacho.
—Cuando vuelva a verle le diré: Es usted tan feo, fÃsicamente, como repulsivo intelectualmente, señor Hirst.
—AsÃ, asà —rio Hewet—; ése es el modo de tratarle.
Tiene usted que disculparle y compadecerle. Vive en un mundo imaginario, como si contemplase la vida por medio de un espejo. Su mundo está elegantemente amueblado y tapizado con lujo y mucho colorido. Ahà se pasa horas y horas hablando de filosofÃa, de religión, de su hÃgado, de su corazón y del de sus amigos. ¿Cree que un ser asà ha de hallarse en su ambiente en un baile? El lugar con que sueña es más Ãntimo, más recogido. Para mi gusto, demasiado lúgubre, pero respeto sus gustos. Lo toma todo con una seriedad extrema.
Rachel, ante la descripción de Hewet, sintióse interesada, olvidó sus resentimientos y sintió cierto respeto por Hirst.
—¿Es tan inteligente como usted dijo?
—Más, sabe mucho más de lo que a primera vista parece.
Al pasar junto a una de las ventanas vieron a Pepper escribiendo en una mesita.