Fin de viaje
Fin de viaje La noche siguiente al baile, en la sobremesa, hasta la hora de acostarse —las horas más difÃciles de entretener— parecÃa reinar en el hotel una nube de malhumor e inquietud, debidas probablemente al poco descanso. En opinión de Hirst y Hewet, rendidos en cómodos butacones en el centro del vestÃbulo y tomando café, aquella noche era mucho más aburrida que las anteriores y los hombres parecÃan más fatuos que de costumbre. Cuando media hora antes habÃa sido repartido el correo, ninguno de los dos habÃa recibido carta. Como sea que casi todos los huéspedes recibÃan dos o tres cartas de Londres, a ellos les pareció muy duro el que nadie les escribiese. Hirst exclamó con su mayor causticidad: «Ya se habrán alimentado los animalitos». Su silencio le recordaba el de las bestias del Zoo cuando se les da la carne.