Fin de viaje
Fin de viaje Asà era el carácter de Evelyn. A pesar de las frialdades o desaires que recibÃa o se imaginaba recibir, no abandonaba nunca su esfuerzo para conocer a las personas que deseaba tratar, cosa que a la larga conseguÃa hasta el punto de resultar simpática. Miró a su alrededor diciendo:
—Aborrezco este sitio. Aborrezco esta gente. ¿No quiere venir arriba a mi cuarto? ¡Deseo tanto hablar con usted!
Como Rachel no mostró deseos de subir ni de quedarse, Evelyn la cogió de una muñeca y a tirones la sacó del vestÃbulo. Subieron la escalera juntas. Saltaron los peldaños de dos en dos. Evelyn, que aún retenÃa por la muñeca a Rachel, insistÃa una y otra vez en «que le importaba un bledo lo que otros pensasen». Estaba en un estado de excitación grande, y retorcióse nerviosamente las manos. Era evidente que esperaba solo cerrar la puerta para volcarse y contarlo todo a Rachel. En cuanto estuvieron dentro de la habitación se sentó en el borde de la cama y fijando sus ojos en aquélla dijo:
—Supongo que creerá que estoy completamente loca.
Rachel no estaba de humor para pensar con claridad sobre el estado de la mente de otro ser. Sin embargo, estaba dispuesta a decir cuanto sentÃa por disparatado que esto fuera, sin temor a las consecuencias.
—Alguien se le ha declarado —afirmó.