Fin de viaje
Fin de viaje Poco después se detuvo la embarcación. El capitán fue a explicar al señor Flushing que quizás a los pasajeros les gustarÃa bajar y pasearse un poco. Si en el término de una hora regresaban, él les llevarÃa al pueblecito, pero si preferÃan ir andando, éste solo estaba a una milla, y él les esperarÃa en el lugar de embarque.
Bajaron a tierra, los marineros sacaron pasas y tabaco. Se apoyaron en la barandilla y vieron alejarse a los seis ingleses que tan extraños resultaban en aquellos parajes con sus vestidos y abrigos. Un chiste, nada correcto, les hizo soltar la carcajada a todos; después se tendieron a sus anchas sobre la cubierta. Al desembarcar, Terence y Rachel se reunieron, adelantándose a los demás.
—Gracias a Dios —exclamó Terence, respirando a sus anchas—. Por fin estamos solos.
—Y si seguimos caminando adelantados podremos hablar —dijo Rachel. Pero a pesar de las palabras de la muchacha estuvieron callados.
—¿Me quieres? —dijo por fin Terence, rompiendo el silencio doloroso.
Hablar o callar representaba igualmente un esfuerzo. En presencia del ser querido, las palabras resultaban demasiado triviales o aparatosas. Ella murmuró algo ininteligible, finalizando:
—¿Y… tú?