Fin de viaje
Fin de viaje Cuando les ofrecían caramelos o dulces, estiraban unas manos grandes y coloradas para tomarlos, sintiéndose cohibidos ante aquellos seres suaves y de instintos sensibles.
Al poco rato el pueblo ya no los tomaba en cuenta, seguían normalmente sus quehaceres. Las mujeres trabajaban incansablemente. Su habla era como un grito estridente e ininteligible, y a veces elevaban un canto melancólico y tristón.
Terence y Rachel se reunieron bajo un árbol.
—La indiferencia de esta gente nos hace sentirnos insignificantes, ¿no te parece? —dijo Hewet.
Rachel asintió.