Kew Gardens
Kew Gardens El viento ruge en la avenida, los árboles se agitan de un lado a otro, los rayos de la luna se derraman furiosos en la lluvia. Pero el rayo de la lámpara se mantiene impasible en la ventana. La vela arde erguida y serena. Deambulando por la casa, abriendo las ventanas, susurrando para no despertarnos, la pareja de fantasmas busca su alegrÃa.
—Aquà dormÃamos —dice ella.
Y él añade:
—Infinitos besos.
—Despertar por la mañana…
—Plata entre los árboles…
—Arriba…
—En el jardÃn…
—Cuando llegaba el verano…
—En el invierno nevado…
Las puertas van cerrándose a lo lejos, suavemente, como el latido de un corazón.
Se acercan; se detienen en el umbral. Sopla el viento, la lluvia plateada resbala por el cristal. Nuestros ojos se nublan; no oÃmos pasos a nuestro lado, ni vemos que ninguna dama extienda su manto fantasmal. Él cubre el farol con las manos.
—Mira —susurra—. Están dormidos. Hay amor en sus labios.