Las Olas
Las Olas »Leeré en el libro que está apoyado contra la botella de salsa de Worcester. Contiene unos anillos de forja, algunos enunciados perfectos, unas pocas palabras, poesía. Todos, todos vosotros ignoráis lo que es eso. Lo que dijo el poeta muerto, lo habéis olvidado. Y yo no os lo puedo traducir para que su poder de unión os vincule y os muestre con claridad que sois fútiles; y que el ritmo es vulgar y despreciable; y así podáis desprenderos de esa degradación que, si no sois conscientes de vuestra futilidad, os invade, os hace seniles, incluso aunque seáis jóvenes. Traducir este poema para que sea fácilmente legible será mi empeño. Yo, compañero de Platón, de Virgilio, llamaré a la puerta rugosa de roble. Me enfrento con todo lo transitivo con esta banqueta de acero templado. No me someteré a este inútil pasar de bombines y sombreros Homburg de fieltro, y todos los emplumados y variados modelos de tocado de cabeza femeninos. (Susan, a quien respeto, llevaría un sencillo sombrero de paja los días de verano.) Reduciré al orden la dura rutina del trabajo, el vapor que cae por los cristales de la ventana con gotas desiguales, las detenciones y arranques a saltos de los autobuses, las dudas ante los mostradores, las palabras que se arrastran con aburrimiento sin significado humano.