Las Olas
Las Olas Caía el sol en la habitación igual que agudas cuñas. Todo lo que tocaba la luz lo dotaba de una existencia fanática. Un plato era semejante a un lago blanco. Un cuchillo parecía un puñal de hielo. De repente, las copas se revelaban erguidas sobre trazos de luz. Subían las sillas y mesas a la superficie como si hubieran estado hundidas bajo el agua, y se elevasen, cubiertas de una película rosa, naranja, morada, semejantes al florecer de la piel de un fruto maduro. Se grababan con progresiva hermosura los nervios de la porcelana vidriada, la textura de la madera, los hilos de la estera. Tan verde era una jarra que parecía, con su intensidad, absorber el ojo a través de una ventosa, y dejarlo pegado a ella igual que una lapa. Después adquirían las formas masa y perfil. Aquí se veía el adorno de una silla, allá el bulto de un armario. Al hacerse más intensa la luz, retrocedían ante ella las masas de sombra, y se conglomeraban y colgaban en múltiples pliegues al fondo.