Las Olas
Las Olas »Pero, ¡ay! vuelve. No puede uno extinguir ese olor persistente. Se desliza a escondidas por alguna fisura de la estructura: la propia identidad. No soy parte de la calle, no, yo observo la calle. Por lo tanto, se divide uno en dos. Por ejemplo, allí, en aquella calleja, hay una chica esperando, ¿a quién? Un cuento romántico. En la pared de aquella tienda han instalado una pequeña grúa, y me pregunto, ¿por qué motivo instalaron allí la grúa?, y me invento una purpúrea dama hinchada, con un perímetro inmenso, que desciende de un landó sin capota, ayudada por su sudoroso marido de unos sesenta años aproximadamente. Un cuento grotesco. Eso es, soy un acuñador innato de palabras, un fabricante de pompas que se inspira en una cosa, en otra. Y, al arrancar estas observaciones de manera espontánea, me elaboro a mí mismo, me hago diferente; y, al escuchar la voz que me dice mientras paseo: “¡Mira! ¡Toma nota de eso!”, me veo a mí mismo llamado a proporcionar, cualquier noche de invierno, un significado a todas mis observaciones: una línea que se prolongue en otras líneas, un resumen que complete. Pero pronto se vuelven insípidos los soliloquios en las callejas. Necesito audiencia. Éste es mi fracaso. El que siempre hace vibrar el borde de la última frase, y evita que se forme. No puedo sentarme en cualquier restaurante sórdido, y pedir siempre idéntico vaso, día tras día, y saturarme completamente de este líquido: la vida. Y hacer mi frase, y salir corriendo con ella a alguna habitación donde la iluminen docenas de velas. Necesito ojos, dirigidos a mí, que me ayuden a dibujar estos encajes y puntillas. Para ser yo mismo (observo) necesito la iluminación que proporcionan los ojos de los demás, y, por lo tanto, no puedo estar completamente seguro de ser yo mismo. Los auténticos, Louis, Rhoda, existen en soledad de la forma más completa. Les molesta la iluminación, la reduplicación. Arrojan sus retratos, en el campo, una vez pintados, con la cara hacia abajo. En las palabras de Louis el hielo es abundante. Sus palabras son macizas, condensadas, duraderas.