Las Olas
Las Olas —Y ahora salgamos de la oscuridad de la soledad —dijo Louis.
—Digamos ahora, brutal y directamente, lo que pensamos —dijo Neville—. Ha concluido nuestro aislamiento, el aprendizaje. DÃas furtivos de secreto y ocultación, revelaciones en las escaleras, momentos de terror y éxtasis.
—La anciana Mrs. Constable alzaba la esponja, y el calor se derramaba sobre nosotros —dijo Bernard—. Nos vestÃan estas cambiantes, estas sensibles prendas de carne.
—En la huerta, el chico de las botas acosaba a la doncella —dijo Susan—, entre la colada inflada al viento.
—La respiración del viento era semejante al jadeo de un tigre —dijo Rhoda.
—YacÃa amoratado el hombre, degollado en el arroyo —dijo Neville—. Y al subir las escaleras no pude echar el pie ante el inmitigable manzano con las rÃgidas hojas de plata.
—Bailaba la hoja en el seto sin que nadie la moviera —dijo Jinny.
—En la esquina recocida por el sol —dijo Louis—, nadaban los pétalos en el verde oscuro.
—En Elvedon, los jardineros barrÃan y volvÃan a barrer con escobones, y la dama escribÃa sentada a la mesa —dijo Bernard[100].