Las Olas
Las Olas —Yo, sin embargo —dijo Louis—, al perdernos de vista, me sentaba en la oficina, y arrancaba las hojas del calendario, y anunciaba a un mundo de agentes de navieras, vendedores de cereales al por menor y actuarios de seguros que el viernes, dÃa diez, o el martes, dÃa dieciocho, habÃa amanecido sobre la ciudad de Londres.
—Entonces —dijo Jinny—, Rhoda y yo, luciendo unos vestidos rojos, con unas pocas piedras preciosas engastadas en una frÃa gargantilla alrededor del cuello, hicimos una flexión, estrechamos las manos y, con una sonrisa, cogimos un emparedado de un plato.
—Saltó el tigre, y la golondrina hundió las alas en estanques oscuros al otro lado del mundo —dijo Rhoda.
—Pero estamos juntos aquà y ahora —dijo Bernard—. Hemos venido a reunirnos, en un momento dado, en este sitio concreto. Nos trae a esta comunión una emoción común, profunda. ¿La llamarÃamos de forma adecuada «amor»?, ¿dirÃamos que es «amor a Percival», porque se marcha a la India?