Las Olas
Las Olas »No, es ésa una palabra demasiado pequeña, demasiado concreta. No podemos vincular la amplitud y extensión de nuestros sentimientos a una señal tan pequeña. Nos hemos reunido (del norte, del sur, desde la granja de Susan, de la oficina comercial de Louis) para hacer una cosa que no durará —pero ¿qué es lo que dura?—, algo que se vea desde muchas partes a la vez. Hay un clavel rojo en aquel florero. Una sola flor mientras estábamos aquà sentados aguardando, pero ahora es una flor con siete lados[101], con muchos pétalos, rojo, castaño rojizo, con sombras moradas, rÃgida como las hojas teñidas de plata, toda una flor a la que traen los ojos su propia contribución.»
—Después de los fuegos caprichosos, del aburrimiento abismal de la juventud —dijo Neville—, ilumina ahora la luz objetos reales. Hay aquà cuchillos y tenedores. Se muestra el mundo, al igual que nosotros, para que podamos hablar.