Las Olas
Las Olas —No estamos de acuerdo, quizá de manera demasiado profunda —dijo Louis—, como para poder dar una explicación. Pero intentémoslo. Yo me arreglé el pelo al entrar, con la esperanza de parecerme a vosotros. Pero no puedo, porque no soy uno y entero como vosotros. Ya he vivido un millar de vidas. Todos los dÃas desentierro, excavo. Encuentro en la arena reliquias de mà mismo que hicieron las mujeres hace mil años, cuando oÃa canciones junto al Nilo, y pateaba la bestia encadenada. Lo que veis junto a vosotros, este hombre, este Louis, no es sino el rescoldo y residuo de algo que fue espléndido. Fui un prÃncipe árabe, observad la libertad de mis gestos. Fui un gran poeta en los tiempos de la reina Isabel. Un duque en la corte de Luis XIV. Soy todo vanidad, confianza, tengo un deseo inmenso de que las mujeres suspiren de simpatÃa. Hoy no he almorzado, para que Susan piense que estoy cadavérico[102], y para que Jinny pueda aplicarme el maravilloso bálsamo de la simpatÃa. Pero aunque admiro a Susan y a Percival, detesto a los demás, porque hago por ellos estas tonterÃas: arreglarme el pelo, ocultar mi acento. Soy el monicaco que parlotea mientras sujeta una nuez, vosotras sois las mujeres desarregladas que lleváis brillantes bolsas con bollos revenidos; también soy el tigre enjaulado, y vosotros sois los carceleros con barras al rojo vivo. Es decir, soy más fiero y más fuerte que vosotros y, sin embargo, esta aparición que se muestra sobre la tierra después de siglos de inexistencia vivirá aterrorizada por miedo a que os riáis de mÃ, cambiando con el viento para evitar las tormentas de hollÃn, esforzándome para hacer un anillo de acero de clara poesÃa que relacionará las gaviotas con las mujeres de dentadura en mal estado, la aguja de la iglesia con los bombines que suben y bajan que veo al almorzar cuando apoyo a mi poeta —¿Lucrecio?— contra la vinagrera y la carta del menú manchada de salsa[103].