Las Olas
Las Olas —Pero nunca me odiaréis —dijo Jinny—, nunca dejaréis, ni en una habitación llena de sillones dorados y de embajadores, de acercaros a solicitar mi simpatÃa. Cuando entré, se detuvo todo, y todo se integró en un argumento. Se detuvieron los camareros, los comensales se quedaron con los tenedores levantados. TenÃa el aspecto de estar preparada para lo que pudiera ocurrir. Cuando me senté, os arreglasteis la corbata, escondisteis las manos debajo de la mesa. Pero yo no oculto nada. Estoy preparada. Cada vez que se abre la puerta, grito: «¡Más!». Mi imaginación está en los cuerpos. No podrÃa imaginar nada más allá del cÃrculo que proyecta un cuerpo. Camina ante mà mi cuerpo, semejante a una linterna por una calleja oscura, trayendo una cosa tras otra de la oscuridad a la luz. Os aturdo, os hago creer que esto es todo.