Las Olas
Las Olas —Pero cuando apareces en la puerta —dijo Neville—, infliges quietud, exiges atención, y es ése un obstáculo inmenso para la libertad de comunicación. Te quedas en la puerta obligándonos a admirarte. Sin embargo, ninguno de vosotros me vio llegar. Llegué antes, vine rápida y directamente a sentarme aquà junto a quien amo. Mi vida tiene una rapidez de la que carecen las vuestras. Soy como un perro que sigue una pista. Cazo del amanecer al anochecer. Nada, ni perseguir la perfección por las arenas, ni la fama, ni el dinero, significan nada para mÃ. Tendré riquezas, tendré fama. Pero jamás tendré lo que quiero, porque carezco de gracia fÃsica y del valor que la acompaña. Fracaso antes de llegar al final, y me derrumbo, húmedo, quizá repugnante. Suscito compasión en las crisis de la vida, no amor. Por lo tanto sufro lo indecible. Pero no sufro, como Louis, para convertirme en un espectáculo. Tengo un sentido de los hechos demasiado justo para consentirme estos engaños y mentiras. Todo lo veo —excepto una cosa— con total claridad. Conservo eso. Eso es lo que da a mi sufrimiento una excitación incesante. Eso es lo que me otorga autoridad, incluso cuando estoy en silencio. Y puesto que, respecto de una cosa, me engaño, porque la persona cambia siempre, pero el deseo no, y no sé por la mañana junto a quién me sentaré por la tarde, no me estanco; me recupero de los peores desastres, vuelvo, cambio. Rebotan las pulidas piedras en la malla de mi extenso cuerpo musculoso. Envejeceré en este empeño.