Las Olas
Las Olas —Es Percival —dijo Louis—, sentado en silencio como se sentaba entre las hierbas cosquilleantes cuando la brisa separaba las nubes y éstas se reunÃan de nuevo, quien nos hace conscientes de que, al reunirnos, igual que partes separadas del cuerpo y el alma, son falsos estos intentos que hacemos de decir: «Soy esto, soy aquello.» Algo ha dejado fuera el miedo. Algo ha alterado la vanidad. Hemos intentado acentuar las diferencias. Con el deseo de separarnos, hemos subrayado nuestros errores y lo privativo de cada uno. Pero hay una cadena que gira y gira en remolinos, en un cÃrculo de azul acerado por debajo.
—Es odio, es amor —dijo Susan—. Ésa es la furiosa corriente negra como carbón que nos aturde si miramos hacia abajo. Aquà estamos en un repecho, pero si miramos hacia abajo nos ataca el vértigo.
—Es amor —dijo Jinny—, es odio, semejante al que Susan siente hacia mà porque en una ocasión besé a Louis en el jardÃn; porque, con mi atuendo, le hago pensar cuando entro: «tengo las manos rojas», y las esconde. Pero nuestro odio apenas puede diferenciarse de nuestro amor.