Las Olas
Las Olas —Pero esas aguas rugientes —dijo Neville—, sobre las que construimos nuestras frágiles plataformas, son más estables que los gritos inconexos, débiles, frenéticos, que proferimos cuando, al intentar hablar, nos levantamos y soltamos esas palabras falsas: «¡Soy esto!, ¡soy aquello!». La lengua es una falsedad.