Las Olas
Las Olas —SÃ, entre vuestros hombros, por encima de vuestras cabezas, a un paisaje —dijo Rhoda—, a una hondonada donde descienden, semejantes a alas de pájaros recogidas, las escarpadas colinas de numerosas lomas. AllÃ, sobre el césped firme y corto, hay arbustos de hojas oscuras, y contra esta oscuridad veo una forma, blanca, pero no es una piedra, se mueve, Quizá esté viva. Pero no es tú, ni tú, ni tú, ni Percival, ni Susan, ni Jinny, ni Neville, ni Louis. Cuando descansa el blanco brazo sobre la pierna es un triángulo, ahora está erguido: es una columna; ahora, una fuente, cae. No hace ninguna seña, ningún gesto, no nos ve. Tras él ruge el mar. Está fuera de nuestro alcance. Y sin embargo ahà me aventuro. Ahà voy a llenar mis vacÃos, a alargar mis noches y hacer que estén cada vez más llenas de sueños. Y durante un segundo, incluso ahora, incluso aquÃ, alcanzo mi objeto, y digo: «No sigas caminando. Todo lo demás son pruebas, ficciones. Aquà está el final.» Pero estas peregrinaciones, estos momentos de separación, comienzan siempre en vuestra presencia, en esta mesa, estas luces, con Percival y Susan, aquà y ahora. Siempre veo el soto arbolado por encima de vuestras cabezas, entre vuestros hombros, o desde una ventana cuando he cruzado la habitación durante una fiesta, y me quedo mirando la calle.